En general, el año nuevo suele venir cargado de nuevos propósitos, coleccionables y todo tipo de subscripciones. Mi principal propósito de año nuevo es aumentar mi vida social, uséase, salir más. En España lo he cumplido con creces, a nadie le cabe duda (especialmente a mi pobre madre, que me ve más con la webcam que cuando estoy en Madrid). Y bueno, de vuelta a los States he de confesar que he salido ya un par de veces, vivaaa!! No os acostumbréis que ya tengo mucho que estudiar.
En cuanto a las subscripciones he empezado el año con The Economist, la versión dominical del New York Times y el boletín de la Society for Personality and Social Psychology. Menuda repelente, sólo por eso deberían ponerme un sobresaliente y dejarse de trabajos para clase.
Pero dejémonos de tonterías y vayamos a las cosas serias. El 2011 también trae sorpresas, y en nuestro caso, en forma de roedor. Sí, de roedor. Poco antes de irme de vacaciones, creíamos haber visto un ratón en la cocina, aunque más bien era un ratón fantasma. Por si acaso, nos pedimos un par de trampas de ratones para Reyes, que pusimos hace una semana, una con queso y otra con crema de cacahuetes (lo recomendaban las instrucciones). En toda la semana el ratón no ha probado bocado, hasta esta mañana, que nos hemos encontrado con una bonita escena. Tras un horroroso protocolo y varios gritos de asco hemos conseguido deshacernos del cuerpo del delito. Esta tarde, una vez superado el trauma, zas, ruido de golpe seco en la cocina. Inevitablemente reconocible. Tras media hora haciendo como que no lo había oído... momento de afrontar el hecho de que hay un segundo ratón (al menos) y que hoy es el día del suicidio colectivo. Deshacernos de éste ha sido extremadamente difícil (por razones que no explicaré aquí), y hemos tenido que establecer contacto visual con la víctima varias veces. Asco, trauma, horror, nunca pensé que un insignificante roedor me haría pasar tan mal rato. Y menos que sería el protagonista (bueno, coprotagonista con su colega) de mi blog.
Ironías de la vida, me he venido a la capital del imperio para lidiar con ratones. La semana que viene me voy a Texas a una conferencia, a ver si me da un poco el sol y me compro un sombrero de cowboy, que el frío y los gorros de lana me tienen un poco quemada. Y esperemos que los únicos roedores con los que tenga que lidiar sean las gráciles ardillas correteando por los parques.
PD: Por razones evidentes, esta entrada no tiene fotos..





