Ha pasado casi un año desde la última vez que escribí algo con sentido. Y en estos momentos de conmociones vitales parece necesario regresar a este rincón de internet a expresar algunos pensamientos. Hace exactamente 4 semanas decidí darle un respiro a mi aventura americana. Volver a la ciudad que me ha visto crecer, tocar tierra, coger aire, tomar perspectiva... La razón es que no he encontrado algo lo suficientemente decisivo para quedarme aquí, o quizás lo he encontrado, pero no he visto la manera burocrática de hacerlo realidad. De momento.
La reacción inicial de la mayoría es que es un error volver dada la situación actual. Objetivamente no lo es, ya que vuelvo con trabajo, cobrando dólares americanos ingresados en una cuenta transatlántica. Vuelvo a casa, a estar cerca de los míos, la familia, los amigos, lo conocido. Y sin embargo tengo la sensación de que me dejo media vida aquí en Washington. Y no es solo el hecho de que tengo una compañera de piso que es como una hermana, o lo de que me he echado un novio de pelo rubio, ojos azules y marcado acento yanqui. Es algo más. Lo que tengo aquí es todo fruto de mi trabajo. Es cierto que he recibido ayuda de ultramar, pero he sido yo la que ha construido esta vida, sin prácticamente ningún referente, empezando desde cero.
Así que llegados a este punto tengo literalmente dos vidas, una que se ha desarrollado durante 27 años, otra que empezó hace solo 2. No estoy aquí ni allí, ni siquiera sé a qué llamo aquí ni a qué llamo allí. En realidad estoy permanentemente sobrevolando el Atlántico en un vuelo de United Airlines. Un vuelo que, irónicamente, dejará de existir después de Octubre (un mes después de mi supuesta vuelta a Madrid). Ya no habrá vuelos directos Madrid-Washington, o Washington-Madrid. Es acaso un guiño del destino (en el que no creo) que me dice que pare ya de dar tumbos y me decida de una vez? O a lo mejor me está diciendo que la etapa de Washington se acaba, pero puedo empezar otra nueva no sé, en Nueva York? En definitiva, le damos demasiada importancia a los sucesos aleatorios que ocurren a nuestro alrededor. Supongo que tendré que seguir llevándome por la corriente oceánica, a ver dónde acabo...





