Hace algo más de una semana creo que estuve en un congreso en Belfast sobre Psicología Política. Ahora mismo, eso resulta totalmente irrelevante. Entre otras cosas, porque el congreso en sí no fue nada memorable, y porque no encontré nada en Belfast que retener en mi memoria.
Cuando acabó el congreso cogí un autobús rumbo al aeropuerto de Dublín, donde me esperaba un vuelo cancelado por las cenizas de Eyjafjalla (esta es la primera vez que soy consciente de cómo se escribe, no voy a intentar pronunciarlo). Así que cogí otro autobús a Dublín centro, donde me esperaba una acogedora habitación de albergue y un soleado día de primavera. Tras un par de horas dando rienda suelta a mi estrés, conseguí hacerme un hueco en la orilla del río, donde disfrutar del sol y mi música mientras veía pasar a la gente.
Tras el idilio con Dublín volví a la angustia de estar atrapada en una isla sin perspectiva de que la nube despejara en los próximos días y con un vuelo cambiado para dentro de una semana. Así que al día siguiente decidí coger el primer medio de transporte que abandonara la isla con rumbo a la de enfrente, algo más poblada y cercana al continente.
Domingo 18 de abril: Paso 1: autobús Dublín-Londres vía ferry cruzando el mar de Irlanda. Salí a las 8pm y llegué a las 7am.. sin comentarios. Una vez en Londres había que ir al sur para ver si encontraba un billete de última hora en el ferry que salía esa tarde rumbo a Bilbao.
Lunes 19 de abril: Paso 2: tren Londres-Porstmouth, todavía sin dormir (no hablemos de la ducha), y sin saber si tendría billete o tendría que esperarme hasta el viernes.. mejor no pensarlo, mejor ponerme los cascos y evadirme un rato. El paisaje era precioso, por cierto, y la media hora que pasé en Londres me recordó lo mucho que me encanta esa ciudad. Una vez en Porstmouth fue fácil llegar al puerto, y más fácil todavía encontrar una de las últimas plazas para el ferry de las 8pm a Bilbao. Empiezo a flotar un metro sobre el nivel del mar..
Lunes 19 de abril: Paso 3: ferry Porstmouth-Bilbao. Entro en mi camarote, y después de estar una semana compartiendo habitaciones y baños en albergues me encuentro con esto:
Aparte de no tener que compartir el espacio con nadie, tener un sofá y un tocador (que no se ve en la foto) para MÍ sola, tenía un baño privado totalmente equipado. Un niño con zapatos nuevos no es tan feliz como lo era yo en ese momento. Por no mencionar que tenía ventana con vistas al mar!!! Ahora, una semana después, lo pienso, y me sigue invadiendo la misma felicidad.. Las dos noches y el día que siguen a ese momento son un una sonrisa permanente. Hizo un tiempo inmejorable, sol, brisa marina, y débil marejadilla que convirtieron una vuelta accidentada en algo así como vacaciones en el mar.
Y bueno, finalmente, desembarcamos en Bilbao, donde me subí en un cochazo de alquiler rumbo a Madrid, lugar en el que esta aventura acaba. Esto sería el Paso 4, que tuvo lugar el Miércoles 21 de abril, cuatro días después de salir de Dublín, cinco días después de cuando tenía que haber vuelto por medios aéreos.
Ahora veo los reportajes en la tele, la gente quejándose por tener que haber cogido un autobús en vez de su avión, reclamando al Estado, a los diversos Consulados, que les ayudasen a salir del país que fuera. Pues yo me quedo con el lado bonito de haber viajado como hace 100 años, cuando se experimentaban las distancias, y el viaje era algo en sí mismo, no un mero trámite en el aeropuerto. Ya solo puedo pensar en buscar destinos a los que se llegue por ferry, cogerme un coche y tirar millas. Por tierra, mar y aire, me encanta viajar :)

¡Ké potito popento, cari!
ReplyDeleteMuy molonas las fotos, eso sí, ni sikiera una del congreso o de Dublín XD